– Mamá, ¿Es arte el dibujo que acabo de hacer en la pared de tu cuarto?

Amo sobre todas las cosas una serie en concreto. Siempre que encuentro ocasión aprovecho para decir, “esta serie es arte”. La gente de mi entorno la encuentra absurda (al menos la mayoría), es quizá esta la razón por la que más discusiones protagonizo hoy día.

Esto me lleva a pensar que tal vez para todos no sea arte la misma cosa. ¿O sí? ¿Puede qué ciertas obras estén socialmente establecidas como arte aunque personalmente no nos gusten? ¿Puede que obras que nos gustan o hacemos nosotros las consideremos arte pero el resto no?

Las respuestas son sencillas: Sí, sí y sí.

La consideración de algo como arte o no ha sufrido un cambio a lo largo de los años. Antiguamente las obras se consideraban como arte si representaban fielmente la realidad, se trataba de obras realizadas minuciosamente, de una duración extensa y técnicas depuradas. A medida que fue pasando el tiempo, otro tipo de obras fueron recibiendo el nombre de arte, apareciendo otros estilos más alejados de los tradicionales, junto con el estilo renacentista, por ejemplo, van conviviendo otro tipo de estilos como el impresionista. Van apareciendo movimientos artísticos (pop art, minimalismo…) e incluso actualmente contamos con obras de arte de lo más estridentes.

Desde mi punto de vista, pienso que es muy complicado decir: “esto es arte”, “esto no lo es”, la razón reside en que para señalar algo como arte o no tienes que establecer unos criterios internos; unos criterios que te hagan encasillar una obra como arte y que otra obra que no consideres como tal no los cumpla. Lo realmente complicado es establecer esos criterios.

La consideración de algo como arte o no, depende mucho de la personalidad de cada persona, por eso es tan complicado buscar los criterios anteriores. Las personas suelen considerar arte a aquello que se relaciona con sus gustos. Por ejemplo, a Paco le gusta el género de terror por lo que considera la película El Exorcista una obra de arte, pero resulta que a Lucía este género no le gusta nada si no que le gusta la ciencia ficción, por lo que no considera arte El Exorcista pero sí considera una obra de arte Blade Runner.

En otras épocas, cuando la mayor parte de la población carecía de recursos, y aparecían talentos que han dejado obras como la Gioconda, Capilla Sixtina o Psique reanimada por el beso del amor, eran considerados como artistas dado el impacto que producían por varios motivos: obras que son un fiel retrato de realidad, pobreza de materiales, escasa formación… Ese impacto se ha ido transmitiendo de generación en generación y por eso hoy en día, se siguen considerando como tal. Ahora, las obras de arte pueden recibir ese nombre por otros factores como la originalidad, la calidad, la protesta y sobre todo (y esto tanto antaño como hoy día) las sensaciones que te provoque.

Diversidad de gustos artísticos en American Horror Story

Quiero pedir y pido disculpas por la mala calidad del vídeo anterior, pero es lo que hay, me parecía oportuno 🙂

La estética de las aulas

“Hay elementos en las aulas tan obsoletos como castigar al alumno de cara a la pared”- yo misma

¿Cómo recordáis vuestras aulas?

En mis años de primaria hacía malabares para que libros, cuadernos, estuche… pudiesen caber en mi micromesa al mismo tiempo. Mi profe, no obstante, tenía una gran mesa llena de papeles y juraría que aún quedaba sitio para echar un partido de ajedrez.

Cuando fui al instituto, había otra distribución. El espacio ya no era un problema, teníamos amplías mesas para dos personas, un ordenador (que podría contar con los dedos de una mano las veces que lo he utilizado en 6 años de instituto) situado en el centro, ¡Qué difícil hacía ese ordenador la posibilidad de copiar de mi compañera cuando el docente borraba la pizarra a la velocidad de la luz!. El tamaño de nuestra mesa estaba medianamente compensado con el de la mesa del docente.

El tiempo pasó rápido y un día desperté en la universidad, al entrar en el aula me encontré con un elemento que nunca antes había visto en los centros en los que estudié. La tarima. Este invento estaba colocado justo debajo de la pizarra y contenía la mesa del profesorado. El docente por lo tanto, siempre que usase la pizarra o su mesa está situado a una altura superior.

¿Es por tanto la tarima un elemento que se encarga de reforzar la autoridad del profesor? ¿O es un elemento benévolo que facilita una mejor visión del profesor favoreciendo así el aprendizaje?

Desde mi punto de vista, considero que la existencia de una tarima en las aulas es totalmente innecesaria. Digo esto porque los mejores docentes que he tenido a lo largo de mi formación y los que han calado en mi, lo han hecho siempre desde una postura de igual a igual.

El “respeto a un docente” no debe garantizarse a través de elementos externos como una tarima o una mesa enorme, ya que el respeto que el profesor tiene al alumno no está sujeto nada más que al hecho de ser persona. Del mismo modo los alumnos ya saben que el profesor merece respeto y decoro tal cual lo merece cualquier otra persona (educación), y con el extra de que es una persona que además te está formando y de la cual estás aprendiendo, y para esto no necesita estar a dos palmos sobre ti.

Cabe destacar, que en la universidad, la mayor parte del profesorado (aun existiendo la famosa tarima), no se posicionan sobre ella durante sus explicaciones si no que a medida que explican van desplazándose por los pasillos con la intención de llegar a todos los alumnos, con esto respondo a la segunda pregunta que me auto formulé, no es necesaria tampoco una tarima para una mejor atención del alumnado, dado que existen otras técnicas en las que el profesor busca que se le escuche estando en una posición de igualdad (micrófonos, andar por el pasillo…)

Por no hablar del peligro en el que una tarima puede poner a tu integridad física:

 

Caídas reales     

Imagen de cabecera: “American Horror Story: Coven”, 2013. Ryan Murphy y Brad Falchuk.

Reflexión sobre la educación formal

“Hey! Teachers! Leave them kids alone!”- Pink Floyd

Educación formal.

Aquella educación reglada, que se desarrolla dentro de los centros educativos, atendiendo a las directrices del ya famosísimo currículum.

Cuando nos preguntamos por educación formal (al menos en Europa Occidental), nuestra mente evoca todos esos años de colegio, instituto e incluso universidad. Desde la perspectiva que nos da el tiempo, podemos ahora (con cierta edad), analizar como era nuestra educación en aquellos momentos en los que no éramos conscientes del desarrollo de esta, pues nuestra máxima preocupación era la carrera del tiempo para llegar cuanto antes a la hora del recreo.

Me recuerdo sentada en mi pupitre, a veces y en su mayoría de manera individual, con otro compañero las menos. Escuchábamos hablar a un docente alrededor de 6 horas en primaria, hubo ocasiones en las que algo extraño ocurría en ellos y nos dejaban hacer pequeños trabajos en grupo. Tras esas casi 6 horas en las que escuchábamos, hacíamos las actividades que el libro de texto sugería y el profe nos preguntaba la lección del día anterior, llegaba quizá la cosa que yo más odiaba, los deberes. Solían ser fichas que a medida que avanzábamos de curso se convertían lenta pero inexorablemente en una larga lista de ejercicios que recorrían mi agenda.

“Lengua: 3,4,5,6,7,8,9, 10,11,12 y 13 pág 77 y 20,21 y 22 pág 79.

Matemáticas: pag 81 entera.

Inglés: Oraciones dictadas y completar vocabulario.”

No exagero e incluso me quedo corta porque había más asignaturas.

Cuando estábamos en la ESO esto siguió así, y en bachiller los deberes se iban sustituyendo por las montañas de apuntes que debíamos estudiar, trabajos de investigación y fichas de exámenes PAU.

Quiero decir que, como proyecto de docente, no eliminaría los deberes. Si no que los reduciría o cambiaría su formato. De hecho creo que ni siquiera les llamaría deberes. Por favor, del terror que me producían esa palabra me genera rechazo. Lo único que desde mi punto de vista mandaría hacer de forma extra escolar serían escasas preguntas sobre algo relevante visto en clase. ¿Por qué creo que sería favorable?, en primer lugar a modo de refuerzo de lo aprendido en clase, para que los alumnos aprendan desde pequeños a reflexionar. Pero sobretodo, creo que aunque solo sean 5 minutos es favorable que los alumnos se sienten en sus casas y piensen sobre lo que se ha hecho en las aulas, esto poco a poco generará en ellos un hábito, que será necesario cuando al ir creciendo tengan que estudiar para los exámenes que lejos están de erradicarse. Resumidamente, lo haría para crear en ellos el llamado hábito de estudio.

Ahora en la universidad, las formas tradicionales de enseñanza, como la vista anteriormente, se mantienen quizá en un 60%. El 40% restante lo componen profesores que trabajan día a día para que sus clases tengan un dinamismo diferente, un interés diferente y una motivación diferente.

A grosso modo, este ha sido un paseo por mi educación formal. Quiero decir, que, no obstante, aprendí muchas cosas, algunas se mantienen hoy día en mi cabeza y otras sabiéndolas las he olvidado.

Asfalto – Días de escuela

(Canción de asfalto del año 1978, en la cuál se alude tal y como lo he hecho yo hoy, a la educación formal, en su caso a la de los años 60. Parece claro que la educación ha ido cambiando a lo largo de los años a la par que lo ha hecho el sistema, no obstante, se siguen manteniendo concepciones propias de otras épocas bajo el nombre de educación tradicional).